martes, 25 de septiembre de 2018

No es un adiós

No es un adiós, es un hasta pronto!!

Mucho tiempo inactivo, centrado en otros canales de comunicación con mi verdadera pasión que es la música. Mucho tiempo que recuperar, para empezar de nuevo y sumergirme cada día más en este océano por explorar. Quizá este medio se ha quedado algo obsoleto o necesite un replanteamiento. Por el momento dejo un compás de espera sin olvidarme de vivir nuevas experiencias y compartirlas con vosotros vía Twitter - @javier_capape - o a través de mi familia de "El Giradiscos" www.elgiradiscos.com

Seis años después de arrancar con "Alrededores" siento que volcar mis opiniones y reflexiones aquí ha sido una experiencia irrepetible, una suerte de terapia y convivencia, un gran regalo.

Gracias a todos los que habéis hecho de esta página un alto en vuestro camino. Seguiremos en contacto. ¡¡Y no os olvidéis de la música!!

Javier


jueves, 3 de mayo de 2018

Tiempo de espera

Mucho tiempo desconectado. Demasiado. Pero en este tiempo de espera también he tenido momentos para impregnarme de grandes discos que, como siempre, sirven de bálsamo y perfecta compañía en los momentos más duros. Aquí van las reseñas que durante estos primeros meses del 2018 he realizado para "El Giradiscos" y que son una buena muestra de la música que me ha acompañado en estos días: Desde el regreso de U2 con alguna sorpresa escondida digna de mención al maravilloso directo de Coque Malla publicado con el nombre de "Irrepetible", del que me atrevería a decir que es uno de los mejores directos registrados en la historia del rock en castellano. También ha habido tiempo para reencontrarme con Izal o dejarme caer por el sendero siempre acertado de Simple Minds. Pero el gran descubrimiento de esta temporada, que me acompañará para siempre, es el debut de Luis Fercán. Un cantautor que redefine el género y me reconcilia con él.

Os dejo a continuación los enlaces a las reseñas de estos discos que espero que se hagan con un sitio en vuestra mochila musical. La mía la han colmado con creces en estas últimas semanas.


U2: "Songs of Experience"


http://www.elgiradiscos.com/2018/01/u2-songs-of-experience.html


Coque Malla: "Irrepetible"


http://www.elgiradiscos.com/2018/02/coque-malla-irrepetible.html


Izal: "Autoterapia"


http://www.elgiradiscos.com/2018/04/izal-autoterapia.html


Simple Minds: "Walk Between Worlds"


http://www.elgiradiscos.com/2018/03/simple-minds-walk-between-worlds.html


Luis Fercán: "Grieta"


http://www.elgiradiscos.com/2018/04/luis-fercan-grieta.html

jueves, 22 de febrero de 2018

Sueños y Pan

Xoel López nos regaló el pasado otoño un disco que ha venido para quedarse. En "Sueños y Pan" siempre encuentras un lugar al que volver y aferrarte. Un viaje entre lo terrenal y lo onírico que no se puede dejar pasar. Aquí vuelco mi reseña escrita para "El Giradiscos" de un disco definitvamente imprescindible.


Elephant Band, Deluxe, Lovely Luna... No es que haya que enterrar el pasado, pero Xoel López hace tiempo que puede definirse con claridad por lo que nos ha ofrecido en los discos presentados bajo su propio nombre. “Sueños y Pan” cierra una trilogía fantástica, a la que no se le pueden sacar peros. Una trilogía que le ha situado como uno de los compositores más inspirados del panorama patrio desde que con “Atlántico” redefiniera la canción de autor de tradición anglosajona perfectamente mezclada con los dejes panamericanos e ibéricos. Corría el año 2012 y Xoel López se presentó sin máscaras ante un público que podía intuir lo que traía bajo el brazo, pero que quedó mucho más satisfecho de lo que podía pensar en un principio. Y así ha seguido haciendo hasta la presentación de este último disco que nos ocupa. Desde que iniciara su carrera, el músico gallego puede presentarse en solitario acompañado de una simple guitarra española o con una banda heterogénea y cercana al pop, y siempre consigue transmitir y convencer con su discurso y su voz, cada vez mejor definida. Un referente a estas alturas. Confirmado con el exquisito “Paramales” y ahora refrendado con un “Sueños y Pan” más ecléctico y exigente, plagado de nuevas historias y sensaciones en forma de canción que nos acompañarán siempre.

El tercer disco bajo el nombre de Xoel López es un canto al poder de los sueños en comunión con la realidad. El mundo del misterio junto a lo cotidiano y terrenal. Esta es la línea argumental del disco y a mi entender no solo en los textos sino también en su sonoridad. La cotidianeidad más cristalina de las guitarras desnudas junto a los detalles más transgresores que esconden los múltiples efectos empleados para la ocasión. Xoel maneja a la perfección la mezcla entre estos dos mundos y los deja a nuestro alcance.

Por primera vez las guitarras no son lo que más destaca en uno de sus discos. Aquí son los teclados los que acaparan mayor presencia junto a otros arreglos de saxo o harmónica, que por momentos cobran protagonismo en perfecta simbiosis con el resto de sonoridades habituales en la carrera del gallego. Las seis cuerdas ceden el testigo a otros compañeros de viaje sin que se pierda un ápice del timbre característico de sus últimos discos publicados. Así en “Jaguar” sorprende el solo de gaita gallega en la parte final del tema y en “Cometa” el de saxo. La harmónica otorga el clímax a “Madrid” y una guitarra aderezada con un efecto que nos hace confundirla con un sinte hace lo propio en “Serpes”. Sí, este es un disco que se aleja de las orillas más convencionales del pop para transitar por los márgenes de la canción de autor, el pop de los ochenta, la música latinoamericana y el barroquismo más ecléctico. Además es el disco más gallego de toda su discografía, y no solo por el sonido tradicional de la gaita mezclado con la modernidad que asoma ya en el primer tema, sino porque dos de sus diez canciones están cantadas en la lengua de Rosalía de Castro, y son además las más diferenciadas de todo el conjunto. “Serpes” por ser la más experimental, y “Durme” por ser la más sencilla y desprovista de artificios, una nana que cierra de forma dulce el conjunto, conduciéndonos a ese sueño al que nos invita el mismo título.


De entre estos diez temas, que pasan como un suspiro, cabría destacar algunos por su contundencia lírica y su preciosismo musical, sobretodo en las voces, donde Xoel se alza muy por enciman de otras de sus creaciones. Aquí juega con las armonías vocales y crea auténticos dibujos melódicos con su voz. En algunos momentos parece que vaya a quebrarse y en otros consigue llegar muy lejos. Es sugerente y penetrante la línea melódica de “Cometa”. Los falsetes que emplea al inicio de las estrofas de “Frutos” van más allá del juego y se complementan a la perfección con la suave voz de Miren Iza, que le acompaña en los estribillos. Resulta emocionante la suave cadencia de “Insomnio” y canta con auténtica intensidad en “Lodo”. Y esto solo si nos detenemos en las voces, porque si analizamos su instrumentación percibimos otros detalles fantásticos. Vuelve a sonar a su preciado continente latinoamericano en “Lodo”, casi cercano al romance como ocurría en su disco “Atlántico”. Algo similar ocurre en “Primavera”, que se sostiene en un teclado que va cambiando su color con una tonada muy Beatle en las estrofas mientras nos conduce a un capricho folclórico bien entendido en el estribillo. Tampoco deja de lado su época más anglosajona emparentada con Deluxe, que asoma en el uso de potentes acústicas en “Madrid”. Nos sorprende con toques de ruidismo en los primeros acordes de “Jaguar”, así como con los arreglos vocales que sirven de base percutiva en “Frutos”. Se tira a la piscina con la distorsión experimental de “Serpes” o el piano que se desmembra en el final de “Balas”, en el que reina la anarquía, como ya ocurriera en otros temas de su discografía al que éste puede llegar a remitir. ¿No recuerda a “El Asaltante de Estaciones” por los cuatro costados, de nuevo mano a mano con Lola García Garrido?

Si a toda la parte más técnica analizada hasta aquí le sumamos unos textos que nos llevan al interior de nosotros mismos, la magia del disco se torna más tangible si cabe. Xoel se mueve con curiosidad y cierta ligereza entre la reflexión de lo etéreo y lo mundano consiguiendo un resultado inimaginable. Nos acerca a lo cotidiano, a la familiaridad del día a día, pero siempre influenciados por el mundo de lo onírico.

“Sueños y Pan” nos incita a adentrarnos en él sin red, dispuestos a todo y seguros de que encontraremos algo que se ajuste a nuestras expectativas. Ángel Luján en la producción y el mismo Xoel López junto a Charlie Bautista repartiéndose casi todos los instrumentos han conseguido una vez más lo que ya iniciaran en el anterior “Paramales”, solo que esta vez el resultado exige estar más atentos y se presenta como un estupendo compendio entre este disco citado y su predecesor “Atlántico”. Estas diez canciones nos piden buena disposición para atender y entender su mensaje y su equilibrio sónico, basado en esa estupenda mezcla de lo latino y lo anglosajón, de lo popular y lo experimental. Xoel López nos brinda un disco que puede entenderse como un viaje. Quizá cierre una trilogía o, mejor aún, abra otra todavía más fresca e interesante.


jueves, 1 de febrero de 2018

Mismo Sitio, Distinto Lugar

Hace un mes "El Giradiscos" publicaba la reseña sobre uno de los discos más importantes para mí en los últimos meses. En ella quise plasmar lo que significa este cambio de rumbo en lo estilístico y personal para uno mis grupos de cabecera. Sin lugar a dudas, "Mismo Sitio, Distinto Lugar" supone un antes y un después en la carrera del combo de Tres Cantos y se hace imprescindible de forma instantánea. Una auténtica obra maestra.


Afrontaba el último disco de Vetusta Morla con mucha expectación, pues los de Tres Cantos nunca dejan indiferente. Los adelantos de “Mismo Sitio, Distinto Lugar” sonaban algo más alejados de sus fórmulas habituales y la información sobre la forma de afrontar la composición y grabación de este disco también apuntaba maneras. El propio título ya sugería un cambio de miras, una nueva forma de encarar sus canciones y efectivamente así es. “Mismo Sitio, Distinto Lugar” puede convertirse en el “sancta santorum” de Vetusta Morla, en su piedra angular. El disco con el que el combo madrileño afronta un cambio en sus fórmulas (que ya de por sí rompían con todo lo anterior escuchado en el panorama nacional hasta su irrupción hace diez años) y reconfigura su mundo interior y su espacio de proyección. Diez canciones que dejan claras sus intenciones desde la primera escucha. Hay ganas de cruzar el umbral, de comenzar de nuevo, y eso que podían permitirse la comodidad de un espacio que habían ganado por derecho propio, pero esa no es su actitud. Lo suyo es dar un giro de timón sin perder su norte, pero afrontando nuevos rumbos que les hagan crecer. Nuevas derivas que afrontar.

Estas diez canciones son en sí mismas un viaje que el oyente emprende junto a los seis miembros del grupo dejando atrás lo vivido y afrontando nuevos caminos. No es en sí mismo un disco conceptual, pero ésta es la sensación que flota como base en el ambiente de sus canciones. Los propios Juanma Latorre y Guille Galván, compositores de la banda, dejaron claro desde el principio que no iban a quedarse quietos después del gran reconocimiento de su anterior disco y gira, que algo iba a cambiar, y efectivamente cada una de estas canciones dan buena fe de ello. Grabadas en los míticos estudios Hansa de Berlín (cuna de inmensos discos como “Heroes” de Bowie o “Achtung Baby” de U2), el ambiente de contemporaneidad se impregna en la obra sin dejar de lado tampoco los guiños y referencias a su pasado.


Todas estas canciones son una reafirmación de la esencia de Vetusta Morla, pero a la vez apuestan por una metamorfosis evidente. “Deséame suerte” inaugura la nueva vuelta de este carrusel y emprende un viaje en el que ese deseo se convierte en el pilar para su nuevo rumbo. Hay un cambio, una reformulación, y nos hacen partícipes del mismo buscando esa pizca de suerte que escapa de nuestra voluntad en cada uno de nuestros arriesgados caminos. También esa línea sigue “El discurso del Rey”, una especie de sueño a una realidad alternativa llena de nuevas oportunidades. “Palmeras en la Mancha” comienza como un juego con personajes sacados directamente de un noticiero y en los que también vemos intenciones de cambio, de empezar una nueva vida, haciéndonos partícipes de ella. Podemos vislumbrar en ella una pequeña road movie, con aires a Thelma y Louise en el fondo y las formas, sin perder el pulso y garra característicos del grupo. “Consejo de Sabios” es una de las grandes canciones de la colección, con esos cambios de intensidad y letra críptica que tan bien manejan los madrileños. Totalmente adictiva y sugerente. Le sigue la delicada “23 de Junio”, una canción que nos suena familiar, que tiene mucho de canción popular a ritmo de vals, recordando incluso a otros temas de su trayectoria como "Maldita dulzura" o "Alto", y que nos invita de nuevo a soltar lastre. “Guerra Civil” ya provoca desde su título y genera cierto desasosiego emocional, aunque el tema que verdaderamente nos golpea hasta dejarnos en la lona es “Te lo digo a ti”, un auténtico grito descarnado, agresivo y sin piedad hacia todo aquello que nos ata y no nos deja avanzar. Dos minutos que dejan exhausto pero de alguna manera consiguen exorcizar esos demonios internos que a todos nos persiguen. Tras la tempestad llegamos a un triduo final más reflexivo y esperanzador. “Punto sin retorno” nos invita a seguir el sedal de nuestro nuevo rumbo sin miedo, sabiendo que todo va a cambiar, que no hay vuelta atrás, pero con confianza. Una canción de huida hacia adelante cargada de esperanza. Para cuando nuestro cuerpo se siente en paz al terminar esta canción, comienza un sonido ambiental enigmático que nos atrapa y conduce hacia “La vieja escuela”, quizá la más experimental de toda la colección, la que lleva el sello adherido de los estudios donde ha sido grabada (es imposible no caer en su red tras esa intro envolvente). Esta canción, siendo la que más se aleja del resto en temática, también sugiere una mirada hacia adelante. Habla de los músicos que han acompañado al grupo desde sus inicios (y a muchos de nosotros) y que comienzan a desaparecer, lo que sugiere que esa “vieja escuela” pueda ser mirada desde la admiración y el profundo respeto para educar a sus relevistas. El final llega de la mano de la canción que da título al disco y que resume a la perfección su espíritu. “Mismo Sitio, Distinto Lugar” es una mirada hacia el futuro, un no quedarse quietos y sentir que nuestro viaje acaba de empezar. No será fácil, asumiremos riesgos, pero está decidido: no estaremos de nuevo en el mismo lugar aunque no cambiemos de sitio. Esta es la filosofía del disco, una temática que insiste en el cambio de rumbo y que se constata en la sonoridad del álbum más exigente de Vetusta Morla.

Aunque tampoco hay que temer demasiado a los cambios. Pucho y los demás siguen siendo ellos mismos. Su particular forma de tratar a las guitarras no se ha perdido. De hecho podemos buscar paralelismos con algunos de sus clásicos en estas piezas. Pero sí, hay una intención de sonar diferentes, de no repetirse, y así los múltiples efectos y sintetizadores se convierten por momentos en los verdaderos protagonistas.


Junto con su maravillosa presentación (lo de este grupo con el packaging de los discos es algo de otro planeta, un regalo fantástico y siempre sorprendente) y su producción cuidada hasta el más mínimo detalle (una buena parte de la responsabilidad de este cambio sonoro está en Carles Campi Campón asumiendo las riendas), Vetusta Morla nos invitan a avanzar con ellos, a formar parte de esto como protagonistas de excepción, y consiguen volver a seducirnos y hacer de este “Mismo Sitio, Distinto Lugar” nuestro nuevo e inseparable compañero por mucho tiempo, de hecho, es muy probable que se quede para siempre.



viernes, 26 de enero de 2018

El mejor Dakar americano

Este 2018 ha comenzado con la misma intensidad de siempre. El Dakar aparecía en mi vida y volvía a atraparme irremediablemente como cada año. Todos los seguidores de la experiencia deportiva más dura del mundo han coincidido en afirmar rotundamente que éste ha sido el mejor Dakar de todos los disputados en tierras americanas. Y efectivamente tenían razón. Tan duro o quizá más que algunos de los míticos africanos. Marc Coma ha diseñado un recorrido espectacular. De enorme crudeza a la par que belleza. Desde los increíbles desiertos de la costa peruana a la altitud de Bolivia y las dunas y pistas llenas de trampas en terreno argentino.


Lo mejor de todo ha sido que el equipo Peugeot en coches se ha despedido de esta competición por todo lo alto con la victoria de uno de los deportistas más grandes a las cuatro ruedas. Hablo de Carlos Sainz junto a Lucas Cruz en el copilotaje. Su actuación ha sido impresionante. De las que no se olvidan. Paso a paso, de menos a más, superando todo tipo de obstáculos e imprevistos. Ahí estaban ellos, sobreponiéndose a las adversidades y consiguiendo con una solvencia intachable el merecidísimo y más costoso touareg dakariano. ¡¡Enhorabuena!! No sabéis la alegría que me ha dado esta victoria.

 

No me olvido tampoco de lo mucho que me han hecho disfrutar el increíble talento de Laia Sanz a las dos ruedas, la solidez de Gerard Farrés, la eficacia y regularidad de Joan Pedrero o la sorpresa de Oriol Mena. Pero por encima de todos ellos, a pesar de su triste abandono, no me olvido del tesón de Joan Barreda, que merece ganar esta prueba de una vez y dejar atrás el dominio aplastante de KTM. No tardará mucho en llegar. Seguro.



Y en camiones, ¿qué decir? La astucia del argentino "Coyote" Villagra ha estado cerca de quitar el liderato a los Kamaz, pero una vez más la armada invencible rusa se ha hecho con el mérito a la resistencia con Nikolaev a los mandos.



Un año más, gracias a todo el equipo de teledeporte, con Marc Martín a la cabeza, por hacerme disfrutar como un enano de cada plano, cada victoria y cada anécdota, convirtiendo de nuevo la experiencia dakariana en uno de los eventos deportivos más importantes del año, arrancando a todo gas este 2018.


sábado, 30 de diciembre de 2017

Un año en Gira

No puede faltar en mi resumen de este 2017 las que para mí han sido las giras más impactantes que he podido disfrutar. Algunas de ellas han sido emocionantes, otras escalofriantes, también arrebatadoras e incluso pasionales, y todas ellas me han permitido escapar y dejarme llevar hacia lugares mágicos, únicos e irrepetibles. Éstas han sido para mí las mejores giras nacionales de este año que termina, de las que os adjunto también las reseñas que sobre ellas he publicado en la web "El Giradiscos" o en este mismo blog.

1. "Gira Halley" de Love of Lesbian


https://javiercapapeabos.blogspot.com.es/2017/04/el-brillo-del-poeta-halley_29.html


2. "EX Tour" de Bunbury


http://www.elgiradiscos.com/2017/12/bunbury-y-por-fin-ha-encontrado-el.html


3. "Gira El Peor Grupo del Mundo" de Sidonie


http://www.elgiradiscos.com/2017/10/amaral-arrasa-el-fiz.html


4. "Gira En la Selva" de León Benavente


http://www.elgiradiscos.com/2017/05/pop-brillante-de-tachenko-y-descaro.html


5. "Gira Monstruos" de Leiva


https://javiercapapeabos.blogspot.com.es/2017/04/monstruos-en-vivo.html


6. "Gira Casa" de Iván Ferreiro


https://javiercapapeabos.blogspot.com.es/2017/06/ivan-ferreiro-juega-en-casa.html


7. "Gira Lo Niego Todo" de Joaquín Sabina


http://www.elgiradiscos.com/2017/10/joaqui-sabina-bienvenidos-su-misa-pagana.html


8. "Gira Capitol" de Revólver


http://www.elgiradiscos.com/2017/03/la-solidez-de-revolver.html


9. "50 palos Tour" de Jarabe de Palo


https://javiercapapeabos.blogspot.com.es/2017/05/a-por-50-palos-mas.html


10. "Gira Me Mata si me necesitas" de Quique González


https://javiercapapeabos.blogspot.com.es/2017/05/detectives-con-ganas-de-rockear.html

viernes, 29 de diciembre de 2017

Mi personal repaso al 2017

Como cada año toca hacer un repaso de lo más destacado que, en mi humilde opinión, nos han dejado estos doce meses que ahora despedimos. Han sido muchos los discos que han dejado un poso lo suficientemente importante como para no olvidarlos y que a buen seguro formarán parte de mi día a día en años venideros. Os dejo con una selección de discos nacionales e internacionales (todos ellos en una misma lista, ¡para qué separarlos!) atendiendo exclusivamente a criterios personales y emocionales. Por supuesto que habrá muchos otros discos mejores y reseñables, pero éstos son los que me han acompañado en todo este tiempo y que simplemente deseo compartirlos con todos vosotros. Allá van.


1. "Expectativas" de Bunbury


2. "Mismo sitio, distinto lugar" de Vetusta Morla


3. "El Hombre sin Sombra" de Mikel Erentxun


4. "Salvavidas de Hielo" de Jorge Drexler


5. "Sueños y Pan" de Xoel López


6. "Wonderful Wonderful" de The Killers


7. "Lo Niego Todo" de Joaquín Sabina


8. "Habrá que Vivir" de Rubén Pozo


9. "Everything Now" de Arcade Fire


10. "El Alma Dormida" de José Ignacio Lapido


viernes, 15 de diciembre de 2017

El peso de la Gravedad

El más reciente álbum de Sidecars parece destinado a ser el disco de su consagración, pero a pesar de su buena acogida, no hay que dejar de apuntar que se queda a medias. No consigue convencer plenamente por abusar de una fórmula muy repetida y tener un sonido demasiado familiar. "Cuestión de Gravedad" contiene grandes canciones, pero deja la sensación de ser un disco al que le falta algo. En esta reseña escrita para "El Giradiscos" trato de analizar al detalle todo esto.


A casi todos los grupos que merecen la pena les llega su momento de popularidad y reconocimiento y creo ahora es el turno de Sidecars. Llevan dos años preparando esta consagración tras esa revisión en clave acústica muy recomendable de sus primeros clásicos que fue “Contra las Cuerdas”. Este es por lo tanto el momento de dar un golpe sobre la mesa y reafirmarse como una verdadera banda de rock con muchas cosas que decir. Sidecars tienen popularidad y un buen puñado de canciones. Además, esta nueva grabación de estudio ha creado bastante expectación, por lo que “Cuestión de Gravedad” tiene todas las papeletas para convertirse en su disco de referencia. Contiene todos los tics básicos del rock, está muy bien producido (de nuevo por Nigel Walker) y el grupo ha ganado credibilidad en su ejecución a pesar de sonar demasiado familiar. Con dos Rivieras agotadas y una tercera que no tardará en hacerlo también, los madrileños tienen ganas de su merecido trozo del pastel, así que bienvenido sea su momento de gloria.

No obstante, el disco que nos presentan no será el mejor que hagan en su carrera. “Cuestión de Gravedad” es un álbum de digestión fácil, pero peca de ser excesivamente homogéneo. No hay nada que nos despiste y se convierte en una colección de canciones demasiado predecible. El predominio de los medios tiempos y la voz dulce de Juancho deja una sensación de relativa calma que puede llegar a hacernos perder el interés en el transcurso de sus trece canciones. Corremos el riesgo de convertirlas en música de fondo, y eso que entre ellas tenemos alguna bastante reseñable, pero sin resaltar en exceso en el conjunto. Si queréis un disco de Sidecars con garra, éste no es el más indicado. Me parece que debido al buen resultado del formato acústico de “Contra las Cuerdas” han preferido mantener esa línea y repetir esquemas para su siguiente álbum. Pero si querían ofrecer un disco cálido, amable y por momentos estremecedor ya teníamos el citado directo acústico registrado en la madrileña Sala But el pasado otoño de 2015. “Cuestión de Gravedad” debería haber dado un salto con respecto al anterior y alejarse algo más del sonido pop-rock emparentado con su muy querido Leiva (pesan mucho los años compartiendo habitación y las actuales giras mano a mano). Pero claro, eso no es tarea fácil. Lo más seguro es no defraudar al público general y rematar la fórmula que les ha funcionado para hacerse un hueco en el mainstream o la música radiable, como mejor prefiramos calificar. Sí, esto es rock de hechuras clásicas, pero se queda lejos de destacar por su fiereza o contundencia, aunque tampoco le faltan lugares comunes cargados de emotividad que en pequeñas dosis logran convencernos.


Tal vez la mejor manera de acercarse al disco sea en diversas tandas, ya que su ingestión completa puede hacernos perder el interés, pero si atacamos “Locos de atar”, “Costa da Morte”, “Tan rápido” o “El camino fácil” de forma individual, Juancho, Ruly y Gerbass nos dan una lección de lo que es un single de libro. Con estructuras muy bien definidas, bases asentadas en el poder de las acústicas y los colchones de teclados, puentes que dejan rugir a sus guitarras, estribillos pegadizos y una voz cálida y en momentos susurrante que parece hablar directamente con el oyente.

Definitivamente “Tu mejor pesadilla” no ha sido el mejor single elegido para presentar esta colección. Recuerda demasiado a ese músico argentino del que todos hablaron hace unos quince años llamado Coti. En “Cuestión de Gravedad” hay temas más exigentes y con muchos más detalles. Estoy hablando por ejemplo de “Locos de atar”, que abre el disco mostrando todas las cartas que después oiremos en el resto de canciones. “Amasijo de huesos” nos recuerda a Pereza por los cuatro costados, pero su riff de piano eléctrico le da un toque distintivo al mismo. “Costa da Morte” funciona como un perfecto medio tiempo sentido y en canciones como “Tan rápido” descubrimos que el pop bien hecho es adictivo. “Cuando caigas en shock” tiene ese pedal steel que parece obligado en todos los discos de rock que se precien en el momento, aunque aquí no imprime tanta personalidad al tema como ocurre por ejemplo en otras experiencias como las de sus primos lejanos M Clan o Quique González. “Polvorosa” es clara y contundente, de las más potentes del disco, y cumple con su cometido de sobra en otra canción de desamor marca de la casa. En “Canciones prohibidas” o “El camino fácil” se copian a sí mismos y, a pesar de eso, esta última les queda de las más logradas del conjunto. Y antes de acabar nos remiten a los Beatles con ese guiño a “You’ve got to hide your love away” en “Conmigo o sin mí” para ganarse hasta al más escéptico antes de que todo termine. Cierto es que la mano de Nigel Walker quizá se deje sentir demasiado en estas canciones. Todos conocemos que su forma de facturar discos es muy correcta y efectiva, pero imprime en ellos una sonoridad muy similar que en este caso no permite despegar a las intenciones primigenias del grupo.

Deseo toda la suerte del mundo para este trío que me gusta de veras, pero estoy seguro que su gran disco aún está por llegar, aunque quizá llegue en un momento no tan favorable como el que están gozando ahora. Espero que entonces se sepa reconocer, porque a Sidecars les queda mucho camino por delante.



jueves, 30 de noviembre de 2017

El britpop sigue vivo

Con un regusto al britpop de los '90, Liam Gallagher nos presenta un disco magnético y, como no podía ser de otra manera, con un buen puñado de referencias a su banda madre y sus músicos de cabecera. El disco debut del pequeño de los Gallagher se disfruta ampliamente si lo que buscamos es rock de hechuras clásicas. Quizá Oasis no vuelvan a reunirse nunca, pero como apuntaba en esta reseña para "El Giradiscos", si lo hicieran sus canciones no distarían mucho de lo que nos presenta "As you were".


No es justo hablar de debut para un músico como Liam Gallagher que lleva más de veinticinco años en este negocio. Pero es cierto que este es el primer disco que publica con su nombre tras la disolución de ese grupo heredero de los últimos Oasis que fue Beady Eye. A mi entender éste no fue un grupo nada desdeñable, pues en sus dos obras había canciones a tener en cuenta, pero lo cierto es que su sonido se distanciaba algo de los Oasis primitivos y, seamos sinceros, la mayoría de los que escuchan la voz de Liam Gallagher la asocian a “Live Forever”, “Some Might Say”, “Wonderwall”, “Supersonic” o tantos otros clásicos su banda madre y todo lo que se desvíe de allí parece no importarles. Pues bien, para todos aquellos que busquen el sonido más puro de los Gallagher “As you were” no les defraudará, pues no se separa demasiado de los cauces que frecuentaron los de Manchester, perdiendo, eso sí, el factor sorpresa que podía aportar un disco como éste. Pero no nos engañemos, que Liam Gallagher suene a él mismo no nos importa para nada, es más, nos encanta. Porque devolvernos al sonido de mediados de los noventa es justo lo que estábamos esperando.

Lo que sí podemos reprochar a este disco es su excesiva homogeneidad. Quince canciones pueden provocar que nos perdamos y que poco a poco vaya bajando nuestro nivel de atención, y más si tenemos en cuenta que su estructura es casi calcada en todas ellas y que no encontramos ninguna salida de tono, salvo en contadas excepciones. Sus canciones pueden ser fantásticas por separado y la personalidad del pequeño de los Gallagher consigue seducirnos como antaño, pero en conjunto es un disco que cuesta digerirlo de una tacada. Sí, suena a Oasis, copia a los clásicos, a su admirado John Lennon o a The Who, pero le falta la capacidad de sorpresa que imprime su hermano Noel a las canciones, y si no echemos un vistazo a los discos que éste ha publicado en solitario, una amalgama de estilos en una línea bien trazada bajo los cánones del rock, pero saliéndose por la tangente si el guión lo requiere. Liam en cambio no es capaz de hacer eso con sus canciones. Aún rodeado de colaboradores en la composición como Greg Kurstin o Andrew Wyatt no llega a la altura de su hermano mayor. Aunque también es injusto recurrir continuamente a la comparación. “As you were” es un buen disco, tiene canciones tan efectivas como su fantástico arranque “Wall of glass” o la inmensa balada de formas clásicas que es “For what it’s worth”. E incluso llega a seducirnos en terrenos más minimalistas como ocurre en la delicada “Chinatown” (sólo por este tema merece la pena acercarse al disco).

Producido por Dan Grech-Maguerat, que ha trabajado con Keane, Lana del Rey o The Vaccines, entre otros, y Greg Kurstin, que ha hecho lo propio con Kelly Clarkson, Katy Perry o Adele, “As you were” consigue salvarse, pero estos nombres no nos hacen pensar en un disco tan cercano al rock, y por eso mismo algunos pasajes chirrían, se repiten y no llegan a grabarse en nuestra memoria.


Desde luego el comienzo con “Wall of glass” y su potente pegada pide a gritos que entremos de lleno en este disco a golpe de armónica y un riff muy marcado. Con “Bold” bajan las revoluciones pero seguimos conociendo bien el terreno pisado. La actitud más macarra de los primeros Oasis sale a relucir con “Greedy Soul” e inmediatamente llegan las referencias a Lennon con “Paper Crown”. “For what it’s worth” es una perfecta balada aderezada con cuerdas y derroche de melancolía en un estilo muy cercano al tercer disco de los hermanos Gallagher “Be Here Now”, aunque la épica de este tema se pierde con la más irregular “When I’m need”. “You better run” vuelve a llamar la atención con alusiones a Beatles y Rolling Stones y se convierte en un tema adictivo en el que nos arrastra un riff acústico de lo más acertado. “I get by” sigue en la línea de la anterior hasta conducirnos a la pequeña joya del álbum, la inesperada “Chinatown”, que se asienta en una acústica arpegiada muy presente y con un Liam Gallagher entregado en su interpretación vocal, emocionada y contenida a partes iguales. “Come back to me” muestra nuevamente una actitud descarada en el fraseo de las estrofas y rompe esquemas con un solo de guitarra muy distorsionado a pesar de que el resto de los arreglos a las seis cuerdas que contiene nos recuerdan al Noel más clásico. “Universal gleam” es otra copia del mismísimo Lennon y por consiguiente del más puro sonido Oasis, cercana incluso a “Champagne Supernova”, y así, de mano de “I’ve All I need”, llegamos a lo que podría ser un perfecto cierre con una tensión mantenida que no hace sino acrecentar las grandes intenciones de este disco. Si todo acabase aquí, “As you were” habría cumplido su cometido sin llegar a sacarle muchas pegas, pero hay que tener en cuenta que en su edición especial (la más común si lo que adquirimos es la versión en CD) se le añaden tres temas más que pueden ensombrecer el resultado, principalmente porque extienden de forma innecesaria su duración final. “Doesn’t have to be that way” desentona en el conjunto y parece un experimento más cercano a los ochenta que al britpop de la siguiente década, y en “All my people / All mankind” se intuyen más pretensiones de las que realmente consigue en el oyente. No es que estos temas sean peores, pero no encajan tanto con el resto y consiguen alejar la atención casi por completo incluso en “I never wanna be like you”, que cumple con corrección su cometido de despedida sin llegar a más.

Es muy probable que Oasis no vuelvan a reunirse de nuevo, aunque una gira con los dos Gallagher juntos sería un éxito asegurado, pero si en algún momento volvieran a publicar algún trabajo en conjunto no creo que estuviera muy lejos de lo que podemos escuchar en “As you were”. Los gloriosos años del britpop no volverán, pero si lo hicieran se parecerían bastante al disco que tenemos entre manos.




jueves, 23 de noviembre de 2017

It's really wonderful!

El último disco de Killers consigue reconciliarnos con el grupo de Las Vegas y volver a creer en ellos. Diez canciones que retoman el pulso de sus dos primeros trabajos desde una línea más introspectiva aunque igualmente efectiva. Una auténtica maravilla (como indica su título) que desgrano pieza a pieza en esta reseña para "El Giradiscos".


El quinto álbum de estudio de los norteamericanos The Killers ahonda en su Nevada natal y nos arrastra a una espiral casi cinematográfica a través de sus diez estupendas creaciones. No es aventurado afirmar que este “Wonderful Wonderful” es el mejor disco del grupo desde que comenzaran a inclinarse por el pop en aquel ya lejano “Day & Age” que produjo Stuart Price y otorgó tanto éxito a The Killers, aunque también les hizo perder credibilidad en el Olimpo del rock. Los escarceos de su líder Brandon Flowers con dos discos en solitario prescindibles y su fallido “Battle Born” (aunque en su haber también contenía algunos temas nada desdeñables) les habían dejado en una encrucijada para su esperada vuelta. O bien volvían a perderse por el páramo y presentaban un disco que cayese en el olvido o conseguían despertar el interés del público acercándose a sus dos primeras obras maestras “Hot Fuss” y “Sam’s Town”. Pues bien, ni lo uno ni lo otro, pero este “Wonderful Wonderful”, aunque no por duplicado, se  gana el calificativo que anuncia su título. Nos vuelve a reconciliar con el grupo dejando de lado los intereses unilaterales de Brandon Flowers y suenan de nuevo compactos, un poco más cerca de aquellos The Killers que sorprendieron a todos con su debut en 2004. A pesar de que falta una de las patas de este banco, el cuarteto (ahora “trío temporal”) logra entregar su disco más inspirado desde el citado “Sam’s Town”. Y además sin renunciar por esto a piezas muy radiables como “The Man” o “Run for Cover”, que consiguen aunar el espíritu más duro de sus dos primeros álbumes con el más edulcorado de los dos siguientes.

La ausencia de Dave Keuning (tan solo está presente en la mitad de los temas y no de forma exclusiva) deja las guitarras repartidas entre el productor Jacknife Lee y su compañero Mark Stoermer y por eso mismo el disco contiene menos destellos a las seis cuerdas y se asienta más sobre una base de teclados que crean potentes atmósferas y unas líneas de bajo muy bien trabajadas. Puede decirse que el protagonista del disco es su bajista Mark Stoermer y, por supuesto, la personalísima voz de Brandon Flowers, entre el pop británico y el sonido norteamericano, que en estas diez canciones resalta más que en ninguno de sus anteriores discos. Flowers decía que su intención era que al escuchar estas canciones nos viniera a la cabeza el paisaje del desierto de Nevada y su querido entorno de Las Vegas y en cierto modo lo consigue. La sensación de desolación, como queriendo llevarnos de la mano al vacío del desierto, la logran con esos sintetizadores que sirven de colchón a toda la obra, y a la vez no desaparece la energía de una ciudad como Las Vegas, que se hace presente en los temas más vibrantes, sin abandonar la sensación de individualismo fruto de esa ciudad donde la luz y el color de los neones en la noche dejan ocultar a sus protagonistas solitarios como sumergidos en el desierto que les rodea.



El inicio de “Wonderful Wonderful” ya nos deja ver claramente el predominio de los teclados en sus primeros compases seguido de una línea de bajo potente e incisiva, una constante en muchos más temas del disco. “The Man” contrasta con este inicio más reflexivo y explota como un “Human” más orgánico. “Rut” es la única canción compuesta por los cuatro miembros originales del grupo (el resto tienen como ayudante en las tareas de composición al omnipresente Jacknife Lee) y en ella Brandon Flowers consigue sobrecogernos con una interpretación brillante. “Life to Come” se acelera y vuelve a hacernos creer en este grupo del que habíamos desconfiado. Ahí están sus lamentos vocales (por momentos parece que Flowers vaya a quebrarse), su pegada pop y su construcción bien asentada en una base rítmica muy sólida (no nos olvidemos que Ronnie Vanucci sigue llevando las baquetas de este combo). Solo nos faltarían algunos toques más incisivos de la guitarra de Keuning, pero apenas los necesitamos cuando el resto está tan bien armado. Cuando llega “Run for Cover” asistimos a una reencarnación de los mejores momentos de la banda, parece que suene una revisión de “When you were Young” o “Somebody Told Me”, una auténtica bomba muy bien recibida por los nostálgicos, aunque sería injusto decir sencillamente que The Killers rememoran sus mejores momentos con temas como éste, más bien demuestran que su vuelta hay que tomarla muy en serio.

Con “Tyson vs. Douglas” nos remiten también a sus momentos más inspirados con un estribillo de los que se graban en el imaginario colectivo. Sin necesidad de que destaquen las guitarras y con unos sintetizadores envolventes (se nota la mano de Brian Eno en la composición) “Some kind of Love” consigue estremecernos y se convierte en uno de los temas más sentidos de su carrera, absolutamente imprescindible. “Out of my Mind” sin embargo parece sacada de los grandes éxitos de una banda pop de los ochenta. No dice nada a pesar de intentar atraer nuestra atención con referencias a McCartney o Springsteen. La producción adicional de Stuart Price en este tema desmerece porque es en el único que aporta algo y sin embargo lo convierte en el menos logrado del disco. “The Calling” nos conduce por la senda del blues electrónico con bastante acierto y podría intentar hacer la competencia a Dave Gahan y los suyos. Casi sin darnos cuenta llegamos al final con un tema en el que vuelven a predominar los teclados y con una guitarra brillante que corre a cargo del mismísimo Mark Knopfler y su inconfundible toque personal a las seis cuerdas. Me refiero a “Have all the songs been written?”, una canción con un poso de solemnidad que cierra el conjunto con épica, algo que persigue intencionadamente esta colección. Diez temas que podrán ser criticados por todos aquellos que desean ver a los Killers doce años atrás, pero que por encima de todas las opiniones, nos devuelven a un grupo confiado, inspirado y creíble. “It's really wonderful!”.



miércoles, 15 de noviembre de 2017

Fantástico "salvavidas"

Jorge Drexler ha vueto a sorprenderme y enamorarme con su música. Esta vez con una colección de canciones cuyo único recurso utilizado ha sido la guitarra y la voz. Aunque con esta premisa pueda parecer imposible, Drexler nos presenta un disco de los más elaborados de su carrera mostrando las múltiples facetas de búsqueda de este artista imprescindible. Publicadas primero en "El Giradiscos" comparto también desde este cuaderno de bitácora mis gratas impresiones sobre este disco.


¿Cómo empezar a hablar de “Salvavidas de Hielo”? ¿Es quizá uno de los discos más directos de Jorge Drexler o tal vez, debido su aparente sencillez, es el más elaborado? Sabemos que el último disco del uruguayo está enteramente grabado utilizando sólo los sonidos de guitarras y voces y cuando lo escuchamos no podemos creerlo. Hay que pararse en cada canción para adivinar de dónde viene cada sonido, cómo puede ser que sólo suenen guitarras. Y es que con este instrumento ha conseguido sacar todo tipo de ritmos (algunos casi parecen electrónicos), resonancias que van mucho más allá de las seis cuerdas e infinidad de matices. Sinceramente yo sigo frotándome los ojos como intentando despertar de un sueño cada vez que lo escucho porque me parece imposible que estos dos únicos elementos sean responsables de todo lo que aparece en este magnífico disco.

Hasta ahora no ha habido un disco de Jorge Drexler que no me haya parecido estimulante. Todos ellos aguardan algún misterio y mucho riesgo. Desde el discreto “Vaivén”, al electrónico “Sea” o el orgánico “Amar la Trama”, desde el minimalista “12 segundos de oscuridad”, al explosivo “Eco” o el percusivo “Bailar en la Cueva”. Y con éste ha vuelto a dar otro paso inteligente, mostrando su infatigable espíritu de búsqueda y su generosidad en forma de canciones que desprenden pedazos de una vida de la que siempre nos hace partícipes.

Dejando atrás su parte más técnica este “Salvavidas de Hielo” vuelve a mostrar a un músico-persona, lejos de las poses y apariencias. Un músico al que lo que le importa es entregarse al oyente y que al mismo tiempo se cree de verdad todo lo que canta. Sus temas son muy personales, casi podría decirse que se desnuda ante el oyente y le plantea hacer totalmente suyas las vivencias del protagonista de estas canciones. Convence cuando ataca temas universales como la continua búsqueda de la especie humana en “Movimiento”, la llegada de una nueva era en “Despedir a los Glaciares” o los parabienes tecnológicos en “Telefonía”, pero también toca la fibra cuando se va a temas más personales e íntimos como ocurre en “Asilo”, “Salvavidas de Hielo” o “Pongamos que hablo de Martínez”, donde muestra su agradecimiento en primera persona a un músico que le cambió la vida y al que no es muy difícil reconocer desde el título de la propia canción.


Los armónicos de “Movimiento” abren el disco en una canción que entronca perfectamente con su anterior trabajo “Bailar en la Cueva”. Un diez para empezar con esa idea de desplazamiento y la temática del ciudadano global, buscando los orígenes del nomadismo inherente al ser humano. El slide toma las riendas de “Telefonía” junto a una magnífica percusión elaborada con las cajas de resonancia de las guitarras. Una canción aparentemente sencilla pero que está muy lejos de ser un simple tema radiable. “Silencio” es adictiva, con ese finger picking que engancha y te lleva irremediablemente hacia su provocador estribillo donde se hace el silencio, sostenido hasta los siete segundos (casi una eternidad en un disco) antes de llegar a su abrupto final. “Pongamos que hablo de Martínez” es emocionante y funciona perfectamente como un ejercicio de gratitud sincero del propio Drexler hacia uno de sus artistas de cabecera, aquel que le apadrinó para venir a España con su “Vaivén” allá por el año 1996. “Estalactitas” gira su mirada sonora hacia Latinoamérica e introduce guiños a “Sing Street”, una fantástica película que le sirvió de inspiración tal y como refleja en el libreto. “Asilo” es una de las gemas que esconde el disco. La voz de Mon Laferte te eriza la piel, te acaricia y te mece. Una canción que se basta con una eléctrica arpegiada sin más florituras rítmicas para grabarse dentro y no abandonarte. Maravillosa metáfora la del asilo para la noche enamorada. Otra voz femenina, la de Julieta Venegas, se hace protagonista en “Abracadabras”, sirviendo de contrapunto a la canción anterior. Rítmica, fresca, provocadora. El dueto nos lleva hasta Brasil con un espíritu mucho más alegre y festivo. Seguimos en el nuevo continente durante el minutaje de “Mandato”, entre la cumbia y el vallenato, más cerca de Colombia que del México donde fue grabada. “Despedir a los Glaciares” suena a lamento. Remueve nuestros sentidos buscando un cambio interior unido al otro global que sugiere su letra. Aquí además se deja ver un tratamiento de las guitarras que crea atmósferas casi de otro planeta, para lo que cuenta con uno de sus colaboradores habituales en las eléctricas como es Vicent Huma. La guitarra española deja atrás los experimentos en “Quimera”, que recuerda a algunos temas de sus primeros discos. Vuelve el aroma a “Llueve” o “Frontera” y a los seguidores de siempre del uruguayo nos ilumina una leve sonrisa. Éste es el Drexler que nos perturba y nos lleva a otro de sus cierres casi perfectos (no se puede negar que el músico es un maestro en abrir y cerrar discos con temas que te hacen volver a ellos sin remisión). “Salvavidas de Hielo” está cantada al unísono con Natalia Lafourcade, dejando ver el lazo que le une a ese México que ahora sí se deja notar y que despide este disco con un lamento enamorado vital y conmovedor, utilizando ese toque único de Jorge Drexler en la española.

Coproducido junto al ya habitual Carles Campi Campón y mezclado por Matías Cella, “Salvavidas de Hielo” supone una nueva confirmación del inagotable talento de este gran músico y de su inquietud en el fondo y las formas de todo cuanto hace. Un disco para degustar con calma que seguro nos regalará algo nuevo en cada escucha. Porque a pesar de que este salvavidas pueda derretirse, con sus canciones nunca llegaremos a hundirnos.



miércoles, 25 de octubre de 2017

Everything Now

Este verano el grupo canadiense Arcade Fire publicaba su esperado quinto álbum bajo el nombre de "Everything Now". Una amalgama de estilos que muestra de nuevo la inquietud de este grupo que nunca se conforma y siempre exige lo máximo a sus seguidores. El resultado, aunque algo irregular, no deja de ser interesante, y eso que el disco tiene bastantes momentos fácilmente olvidables. Esta es la reseña sobre este trabajo que hace unas semanas escribí para "El Giradiscos".


No pretendo poner en tela de juicio la carrera de Arcade Fire. De hecho podría decir sin pudor que es el mejor grupo surgido en la primera década del siglo XXI. Tan sólo creo que habría que puntualizar que su último disco “Everything Now” no llega a la altura de sus predecesores. Y con esto no quiero decir que sea un mal disco (ya querrían muchos grupos para sí una colección de canciones como ésta), pero sí es tal vez el menos cohesionado de todos los que han publicado desde aquella obra que revolucionó el rock de masas en 2004 como era “Funeral”. Hay que tener en cuenta también que Arcade Fire venían de publicar su fantástico disco doble “Reflektor” al que no le sobraba nada, y que habiendo dejado tan arriba el listón iba a ser complicado estar a la altura. Por ello este “Everything Now” no deja de ser valiente e intenta dar pequeños golpes de timón exigiendo atención y apertura de miras, pero por el camino el combo liderado por Win Butler y Règine Chassagne ha perdido parte de su magia y algunas canciones del disco podrían haber encontrado un sitio mejor en una colección de rarezas. Independientemente de todo esto el quinto disco de los canadienses contiene piezas nada despreciables, como la que da título al mismo, que además ha sido su carta de presentación desde que dieran la campanada con su concierto sorpresa (antes de hacerlo como cabezas de cartel) en el Primavera Sound a comienzos de este verano.

Como ocurría con “The Suburbs”, “Everything Now” comienza y termina en bucle con una intro y un reprise derivados del tema principal del álbum, una manera directa de dar valor al conjunto de canciones como un todo y poner por delante el concepto más amplio de disco por encima de una simple colección de canciones sin nexo entre ellas. Una vez más, la entidad del álbum como obra global queda clara, cuidando con mimo desde el sonido, que esta vez busca un hilo conductor en la música disco de los setenta, hasta el arte del libreto (sin lugar a dudas merece la pena pagar por ediciones como ésta).


Pero en lo que flaquea “Everything Now” es en que sus canciones no ofrecen la solidez de otras entregas. Si el protagonismo de la música disco se intuía en su single inicial y se corrobora en la siguiente pieza, la excelente “Sings Of Life”, en pocos minutos esta sonoridad se pierde por otros derroteros más fallidos como ocurre en “Creature Comfort”, que comienza con unos sintetizadores bien armados, pero pierde fuelle en cuanto prima la repetición y se convierte en un tema más plomizo. La insulsa “Peter Pan”, los ecos reggae de “Chemistry” que  mutan hacia el semi-punk y el sonido garage rock de “Infinite Content”, que sólo mejora levemente cuando en su segunda parte se transforma en un pseudo country repetitivo, convierten este tramo del disco en una colección inconexa donde todo vale y con un predominio del horror vacui que no trasmite, poco digna para el nivel al que nos tienen acostumbrados los canadienses.

“Electric Blue” otorga el protagonismo a “Règine Chassagne, pero queda lejos de la épica de otras canciones interpretadas por ella y también puede llegar a cansar al oyente. “Gold God Dawn”, sin ser un corte aparentemente llamativo, mejora con mucho el listón de los temas predecesores para conducirnos hacia una recta final mucho mejor construida gracias a la intensidad creciente de “Put your money on me”, que nos devuelve a la grandilocuencia de estadio que tan bien maneja el grupo, pero sin llegar a las cotas de “No Cars Go”, “Ready to Start” o “Wake Up”. El dramatismo llega antes de terminar de la mano de “We don’t deserve love”, una canción que fusiona la emotividad con efectos que retornan al sonido disco de los primeros temas pero con tintes más contenidos.


Este “Everything Now” no es un disco largo y si advertimos además que la mitad de los temas que lo componen hubieran podido ser descartados en anteriores entregas, podría decirse que a Win Butler y los suyos se les están agotando las grandes ideas. Tal vez es algo más sencillo y únicamente están pasando por un bache creativo que no les permite ofrecer una colección de temas de mayor nivel ni reuniéndose con productores de prestigio como Markus Dravs, Thomas Bangalter o Steve Mackey, pero debido a la presión del mercado (hacía 4 años del lanzamiento de “Reflektor”) quizá han tenido que darse prisa para rematar el disco y les ha llevado a este irregular resultado. Aún con todo estoy seguro de que Arcade Fire seguirán cosechando grandes éxitos y reconocimiento gracias sobretodo a sus directos (obligado detenerse en su fantástico concierto en Londres recogido en la caja “The Reflektor Tapes”) y como no a algunas canciones nada desdeñables como las ya citadas “Everything Now”, “Sings Of Life”, “Put your money on me” o “We don’t deserve love”. El resto puede obviarse si queremos conservar el respeto hacia el combo canadiense sin que pierdan credibilidad, y eso que a pesar de la irregularidad que respira el conjunto, éste consigue engancharte en sus redes haciéndote que vuelvas a él una y otra vez. Ahí está su misterio.

“I Need It. I Want It. I Can’t Live Without”. Las palabras que resuenan como emblema del disco podrían funcionar como un mantra que reivindica aquello que Arcade Fire no quieren perder. Eso sin lo que no pueden vivir, que necesitan de verdad. Esa inspiración que no les puede fallar. Y es que no siempre se puede tener “Todo Ahora”.




jueves, 19 de octubre de 2017

La misa pagana de Joaquín Sabina

La semana pasada Joaquín Sabina despedía el tramo español de su gira "Lo Niego Todo" antes de embarcarse hacia las Américas, y lo hacía en Zaragoza, en plenas fiestas del Pilar. Previamente publicado en "El Giradiscos", os dejo plasmado también aquí lo vivido en una de las dos noches que el maestro recaló en la capital maña.


Joaquín Sabina apuesta sobre seguro con su más reciente gira “Lo Niego Todo”. Esa fue la sensación principal que pudimos constatar todos los que estuvimos presentes en su concierto en la capital del cierzo el pasado miércoles 11 de octubre. Con todas las entradas vendidas desde hacía meses y con una segunda fecha casi completa también para el día 12, el de Úbeda llegaba a Zaragoza con la seguridad del que sabe que poco puede fallar en un espectáculo tan bien medido. “Lo Niego Todo” es su disco más acertado de entre todos los que ha publicado en los últimos quince años. Sabina es consciente del buen material que presenta y también de la base sólida de sus otras grandes canciones que coparán la mayor parte del concierto. Además tiene asegurado el respeto porque todos los congregados en el Príncipe Felipe estaban seguros de vivir un día de celebración. Numerosos bombines dispersos en los alrededores del recinto, camisetas con frases de sus canciones y muchas ganas de volver a dejarse la piel con sus clásicos, seguros de que no faltarán.

Había leído bastante sobre esta gira, que sin duda es una de las más importantes en este 2017, no solo en territorio español sino también al otro lado del charco, y la verdad es que ya sabía por dónde iban a ir los tiros, pero igualmente estaba impaciente por volver a ver al maestro. Sabía que sería difícil que pudiese sorprenderme en la concepción del espectáculo y el repertorio elegido, ya que son casi veinticinco años siguiéndolo en todas las giras que ha realizado. Pero a pesar de ello consiguió hacerlo en un par de momentos clave, donde la emoción estuvo muy por encima del espectáculo sobradamente calculado que presenta.


No hace falta decir que el montaje del escenario va un paso más allá de lo que hizo con su gira “500 Noches para una Crisis”. Sus cuadros siguen presidiendo en muchas canciones el telón de fondo de la escena, pero esta vez juega con cinco imponentes pantallas que están totalmente al servicio de las canciones dándoles un matiz más distinguido a las mismas. Recortes de prensa, imágenes nocturnas y fantásticas acuarelas se mezclan con los primeros planos de los protagonistas del concierto y por momentos parece que olvidemos que tenemos delante unas pantallas gigantes al más puro estilo de los Rolling Stones.

De la banda tampoco creo que haya mucho que aclarar. A sus fieles Pancho Varona, Antonio García de Diego, Jaime Asúa, Pedro Barceló, Josemi Sagaste y Mara Barros (casi todos ellos con algún momento de lucimiento personal digno de mención) se ha sumado la argentina Laura Gómez Palma, una habitual de la escena rock en nuestro idioma que con sus cuatro cuerdas dirige a la perfección el barco (siempre apoyada en las baquetas de Pedro Barceló) y libera de este instrumento a Pancho Varona que de esta manera puede lucirse más con las guitarras acústicas y eléctricas.


Decía antes que a pesar de lo medido que puede estar este concierto hubo algunos momentos que se salieron de mi guión imaginado, y esos fueron sin ninguna duda los mejores. El primero de ellos iba a llegar con la canción que abrió la velada. Tras una intro al ritmo de “Y nos dieron las diez”, Joaquín Sabina se arrancó con “Cuando era más Joven”, una auténtica delicia que dejó a todos descolocados, ya que no la habíamos escuchado en directo desde hacía mucho tiempo. Si tenía al público ganado antes de empezar, con esta canción y las palabras de presentación que vinieron a continuación se nos metió definitivamente en el bolsillo: “Hasta a los ateos nos gusta decir ¡¡Viva la Virgen del Pilar!!”. La ovación mayúscula que siguió a estas palabras creció aún más cuando tuvo una mención para nuestro querido José Antonio Labordeta o para su mujer, presente en el concierto, a la que llamó “la viuda más guapa del mundo” antes de dedicarle “Lágrimas de mármol”. Y así acometió, como el mismo Sabina anunció, unas cuantas canciones de su último disco en una primera parte antes de dar rienda suelta a los clásicos que todo el mundo esperaba. De “Lo Niego Todo” sonaron, además de su tema capital, “Quién más, quién menos”, “No tan deprisa”, la citada “Lágrimas de mármol”, “Sin pena ni gloria” y “Las noches de domingo acaban mal”, esta última con un Jaime Asúa crecido ante el rugir de su telecaster y agradecido por esos elogios hacia Alarma, el grupo que el guitarrista fundó con Manolo Tena y a los que Joaquín Sabina confesó que quería parecerse en sus primeros años. Antes de llegar al primer respiro para el protagonista y dejar paso como viene siendo habitual en sus giras a sus camaradas, llegó el otro de los momentos que más me sorprendió y me puso la piel de gallina. Tras presentar la canción que interpretarían a continuación como una letra que le quitó Andrés Calamaro y la hizo suya, comenzaron a sonar los acordes de “Todavía una canción de Amor”, uno de los mejores temas que grabaron los Rodríguez en aquel “Palabras más, Palabras menos” y que me retrotrajo a aquella gira conjunta que hicieron Sabina y Los Rodríguez en 1996. Un auténtico regalo para aquellos fieles que deseábamos escuchar algo más de lo estrictamente esperable.


Tras las presentaciones de rigor, llegó el turno de Mara Barros, que interpretó “Hace tiempo que no” a modo de cabaret junto a un provocador Josemi Sagaste después de que el músico aragonés amante de las faldas escocesas hubiera sido intensamente aclamado en su turno de presentación (no hay nada como tocar en casa). La potencia rockera de la mano de Pancho Varona y “La del pirata cojo” levantaron a todo el mundo de sus butacas hasta que apareció de nuevo Joaquín para afrontar la segunda parte del repertorio. Era el turno ahora de esas canciones que no pueden faltar y que han sido el imaginario colectivo de todos los presentes. Canciones que forman parte de nuestra vida y a las que debemos mucho. Siempre es difícil contentar a todos, pero creo que la selección de lo que pueden considerarse sus imprescindibles fue muy acertada. Comenzando con “Una canción para la Magdalena”, mano a mano con Mara Barros, “Por el Bulevar de los sueños rotos”, con un escenario teñido de los colores de la bandera mexicana haciendo su particular homenaje a su admirada Chavela Vargas, y siguiendo con “Y sin embargo”, con esa introducción arrebatadora de Mara Barros a la que esta vez le acompañó un guiño al omnipresente “Despacito” de la mano de Joaquín, el Príncipe Felipe se convirtió en un karaoke colectivo a la vez que apasionado. Joaquín Sabina estaba entregado en cuerpo y alma, aparentaba dar lo mejor de sí mismo (y eso que muchos ratos no se levantaba de su taburete) y todo el público seguía soñando. Llegó así otro de los momentos mágicos de la velada, por su intimismo y su arrebatadora belleza. Estoy hablando de la interpretación de “Peces de ciudad”, quizá una de las canciones más acertadas de Sabina, una joya que volvió a hacer levitar a muchos de los presentes.

Poco a poco el concierto iba dando visos de terminar y así llegó “19 días y 500 noches”, siempre efectiva a pesar de mil veces repetida, antes de dar paso a Antonio García de Diego, que interpretó a solas con Pancho Varona la enigmática “A la orilla de la Chimenea”, y a Jaime Asúa, que volvió a levantar al personal con la acelerada “Seis de la mañana”. Ya sólo quedaba rematar con “Noches de Boda”, “Y nos dieron las diez” y la siempre infalible “Princesa”.


Tras un primer amago de retirada, Antonio García de Diego agarró su acústica para regalarnos otra joya del repertorio del maestro de Úbeda como es “Tan joven y tan viejo”, que a estas alturas ya nos hemos acostumbrado a oírla de manos de su segundo de a bordo, pero que todos agradecimos que terminara rematándola Sabina con su propia voz. “Contigo” y “Pastillas para no soñar” pusieron el broche final a una noche previsible, sí, pero igualmente fascinante. Siempre es un placer dejarse llevar al abrigo del maestro. Aunque esté algo cansado por momentos y no se pasee tanto por el escenario, aunque ya no sea whisky lo que asoma en su copa, aunque el rasgueo de su guitarra sea débil y se apague entre el resto de instrumentos, aunque algunos de sus chascarrillos ya nos sean familiares. A pesar de todo esto Sabina volvió a demostrar que hay pocos momentos tan placenteros como uno de sus conciertos. Un amigo mío mucho más conocedor de todos los recovecos del músico ubetense me decía que ir a día de hoy a un concierto de Sabina es como asistir a una misa pagana en la que es muy fácil dejarse llevar, sencillamente el “jefe” hará el resto. Efectivamente eso es lo que hice el pasado miércoles y seguramente igual que yo lo harían el resto de los asistentes a esa misa pagana y la que se celebró al día siguiente en el mismo lugar.